Dean Rivers siempre amo la Fórmula 1, siempre amo las carreras, desde que era niño y corría en karting su sueño fue correr en aquellas competencias, sentir la adrenalina al estar en la pista, era su más grande sueño, y lo consiguió.
Pero lo que se creía iba a ser un futuro prometedor en el deporte, se transformó en todo lo contrario. Empezó con choque en la pista, luego perdía el ritmo en las carreras, nunca conseguía un podio, nunca consiguió un buen tiempo, menos una pole, y todo lo bueno que se esperaba de él, todos los elogios que recibía, se transformaron en insultos, desprestigios y críticas.
La mayoría de los pilotos de Fórmula sufren por eso mismo, más ninguno de ellos hablaba públicamente de ello, y siendo Dean alguien tan sensible como era, aquello le afecto aún más.
El Gran Premio de España había llegado, grandes figuras del país habían ido a ver el evento, uno de ellos, Pedri, el futbolista canario del Barcelona.
La carrera, otra vez, no había sido buena para el joven piloto, se encerró en si mismo, se alejo de todos en el padok y busco un lugar solitario para llorar, y ahí fue donde Pedri lo conoció, lo ayudo, lo escucho y lo dejo llorar en su hombro.
Una amistad que se suponía iba a escalar a algo más, más la depresión de Dean no lo dejaba avanzar, Pedri quiso ayudar, quiso ser su soporte, más Dean sabía que eso no estaba bien, no debía intentar mejorar a costa de Pedri, no podía hundirlo con él, debía mejorar por su cuenta, si quería iniciar algo con el futbolista, debía mejorar su salud mental.
Gaia odia el mundo del fútbol en el que está metida por culpa de su hermano. Pau odia lo mucho que ella le atrae.
Entre prejuicios, secretos y una inesperada conexión, descubrirán que el amor puede surgir donde y con quien menos lo esperas.