Story cover for Notas muertas by Astellel
Notas muertas
  • WpView
    Reads 1,126
  • WpVote
    Votes 424
  • WpPart
    Parts 18
  • WpView
    Reads 1,126
  • WpVote
    Votes 424
  • WpPart
    Parts 18
Ongoing, First published Nov 22, 2023
No existe en la tierra un amor más intenso que el de un artista.  Y si ambos lo son, dicho amor pende de un hilo entre lo ideal y lo prohibido. Una carta sin remitente  unió el destino de dos músicos. El tiempo les enseñó lo peligroso de  amar como los artistas.
All Rights Reserved
Sign up to add Notas muertas to your library and receive updates
or
#189pianista
Content Guidelines
You may also like
En tiempos de pandemia y parchis  by vergara2398
17 parts Ongoing
Cuando el mundo se detuvo, fue como si el tiempo también olvidara moverse. Las calles quedaron mudas, los calendarios dejaron de importar, y la rutina, esa vieja y ruidosa compañera, fue reemplazada por un silencio espeso. No sabíamos si llorar por el caos o agradecer por la pausa. Fue entonces cuando muchas vidas colapsaron... y otras, inesperadamente, comenzaron. Ahí, entre días idénticos y noches insomnes, nacieron espacios nuevos. Espacios para mirar hacia dentro, para descubrir lo que no habíamos tenido tiempo de sentir. Algunos encontraron refugio en libros, otros en la cocina, otros en conversaciones que jamás habrían sucedido si el mundo no se hubiera derrumbado. Fue así como se conocieron X e Y, lanzando fichas sobre un tablero virtual, intentando distraer al destino... sin saber que ya estaban siendo jugados por él. Uno de ellos ostentaba el título de presidente -no de una nación, sino de sus propias convicciones. Firme, exigente, de ideas estructuradas como discursos bien escritos. El otro, en cambio, parecía improvisar la vida como si fuera una melodía en constante cambio, con la risa a flor de piel y el alma encendida por el arte. El tablero de parchís fue la excusa. Lo demás... simplemente pasó. Una mirada imaginada, una frase cruzada, una canción compartida que decía más de lo que el corazón podía soportar en voz alta. Y sin darse cuenta, el encierro no los apartó del mundo. Los encerró juntos, en otro mundo más íntimo. Más honesto. Más peligroso. Porque no siempre lo que está bien es lo que se siente bien. Porque las emociones, cuando no caben en la razón, buscan salir por otras grietas: los gestos, las risas, los silencios, los recuerdos. Esta no es una historia común. No lleva etiquetas ni necesita pronombres definidos. Es la historia de una conexión que nació del caos, que creció entre dilemas, y que aún hoy arde -como un susurro que no se olvida- en la memoria de quienes se atrevieron a jugar.
You may also like
Slide 1 of 10
En tiempos de pandemia y parchis  cover
𝐋𝐢𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐃𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫 [Completa] cover
Una promesa perdida [En pausa] cover
Words That Couldn't Say [A Nijika Oneshot] cover
A Year By Your Side cover
Chris & Dylan cover
© BE MINE [MYG] cover
El Artista de mis ojos cover
Todo comienzo tiene su final cover
Prohibido el amor II cover

En tiempos de pandemia y parchis

17 parts Ongoing

Cuando el mundo se detuvo, fue como si el tiempo también olvidara moverse. Las calles quedaron mudas, los calendarios dejaron de importar, y la rutina, esa vieja y ruidosa compañera, fue reemplazada por un silencio espeso. No sabíamos si llorar por el caos o agradecer por la pausa. Fue entonces cuando muchas vidas colapsaron... y otras, inesperadamente, comenzaron. Ahí, entre días idénticos y noches insomnes, nacieron espacios nuevos. Espacios para mirar hacia dentro, para descubrir lo que no habíamos tenido tiempo de sentir. Algunos encontraron refugio en libros, otros en la cocina, otros en conversaciones que jamás habrían sucedido si el mundo no se hubiera derrumbado. Fue así como se conocieron X e Y, lanzando fichas sobre un tablero virtual, intentando distraer al destino... sin saber que ya estaban siendo jugados por él. Uno de ellos ostentaba el título de presidente -no de una nación, sino de sus propias convicciones. Firme, exigente, de ideas estructuradas como discursos bien escritos. El otro, en cambio, parecía improvisar la vida como si fuera una melodía en constante cambio, con la risa a flor de piel y el alma encendida por el arte. El tablero de parchís fue la excusa. Lo demás... simplemente pasó. Una mirada imaginada, una frase cruzada, una canción compartida que decía más de lo que el corazón podía soportar en voz alta. Y sin darse cuenta, el encierro no los apartó del mundo. Los encerró juntos, en otro mundo más íntimo. Más honesto. Más peligroso. Porque no siempre lo que está bien es lo que se siente bien. Porque las emociones, cuando no caben en la razón, buscan salir por otras grietas: los gestos, las risas, los silencios, los recuerdos. Esta no es una historia común. No lleva etiquetas ni necesita pronombres definidos. Es la historia de una conexión que nació del caos, que creció entre dilemas, y que aún hoy arde -como un susurro que no se olvida- en la memoria de quienes se atrevieron a jugar.