
OLGA
“Te esperaré mi amor, te esperaré…”
Esa frase todavía resonaba en la cabeza de Olga.
Han pasado 4 años sin tiempo.
La ventana del living se cerró para nunca más abrirse
Las copas de cristal nunca más volvieron a mancharse.
El mantel rojo no volvió a salir del modular…
Sus ojos se entristecieron tanto como una calesita vacía de niños.
Nunca más se la volvió a ver en la carnicería de Don José.
Noemí, la vecina, apenas la vio un par de veces desde su terraza.
En el club, sus amigas jubiladas la siguen esperando cada tarde para tomar el té.
Solo Marianito, su hijo, conoce el dolor de Olga. La llama todas las noches a las 20.
Ella espera cada día…
Espera cumplir su promesa.
Mientras, pasa las tardes en su sillón, viendo novelas.
Novelas que le recuerdan a su vida.
Ella, la chica pobre que llega del campo y debe luchar contra la gran ciudad.
Ella, el patito feo que se convirtió en princesa.
Por eso espera cada semana el final de la novela.
Esa donde los personajes representan su propia vida.
Pero también espera el final de su novela.
Renueva sus ansias de que llegue el final y pueda quedarse con su príncipe.
Ese príncipe que se fue con otra.
Aquella otra, arpía y vengativa, que lo arrastró hacia el final
Pero antes de irse, su príncipe le dijo
“Te esperaré mi amor, te esperaré…”
Y ella se impacienta
Se ilusiona…se estremece…
como en cualquier final de novela
Las novelas siempre tienen un final feliz
Y Olga esta ahí, sentadita en su sillón
Esperando el final de la suya….
Hernán FernándezTodos los derechos reservados1 parte