Ultraviolence [+18]

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WpMetadataNoticeLast published Sat, Jun 1, 2024
"No era amor, era obsesión, no era pasión, era lujuria. Nunca amaste de verdad, todo lo que buscabas era algo que poseer y para mi mala suerte fui yo tu victima, mi corazón sangrante en tus manos no causo remordimiento si no satisfacción. Bajo la escasez de amor cualquiera se conformaría con migajas, pero para mi esas migajas eran el cielo completo, el efímero amor que proclamabas se esfumaba en tan pocos segundos que ni siquiera me daba tiempo a odiarte, ni siquiera me diste tiempo de saber en donde me había metido cuando volvía a caer" Vivir desgracia tras desgracia es el pan de cada día para Leila, quien tiene demasiada mala suerte y pocas ganas de vivir. Por un arrebato de enojo termina cayendo en los brazos del cruel guitarrista de Tessera y será consumida por la lujuria y el dolor conociendo el verdadero sufrimiento dentro de una relación toxica en medio de un suceso que le dejara marcas físicas y psicológicas que la afectaran el resto de la vida. (Esta historia usa lenguaje inapropiado, sexo, drogas y temas delicados. No se romantiza ni se fomentan actitudes de los personajes)
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Yo no debería sentir esto. Cuando lo conocí, la risa de mi mamá llenaba el restaurante, armonizando con la música tenue y las luces bajas que dibujaban sombras suaves en las paredes. Estaba sentada a su lado, con una copa en una mano y sus dedos entrelazados con los de él. Patricio. El nombre quedó flotando en el aire mientras él levantaba la mirada. Pero yo apenas lo escuché. Todo en mi pequeño mundo caótico pareció cambiar cuando sus ojos oscuros y fugaces se cruzaron con los míos, atravesándome de una forma que no supe descifrar. -Él es Patricio hija...al fin lo podés conocer-dijo mamá, con una sonrisa tan amplia que casi me dolió. Extendí la mano a través de la mesa con gesto automático, pero algo en mí se tensó al sentir el roce cálido de su piel contra la mía. -Un gusto, Barbara-murmuró él, arrastrando mi nombre en un tono que mezclaba calma e intensidad. Y de repente, todo sucedió. Una chispa, una corriente eléctrica que recorrió mi columna y me dejó paralizada. Algo en mí se quebró en ese instante. Tal vez fue la manera en que me miró, como si ya me conociera, o esa voz suya que parecía diseñada para instalarse en los rincones más profundos de mi mente. El aire del restaurante se volvió pesado, como si el espacio entre nosotros estuviera cargado de algo invisible. Fue un quiebre silencioso, pero definitivo, que marcó el inicio de algo que no podía controlar, algo que no debía permitirme sentir. Pero la certeza de que Patricio estaba fuera de mi alcance no apagó el incendio que su presencia provocó en mi pecho. Una chispa, pequeña e intensa, comenzaba a devorarlo todo y la poca moral que me quedaba...empezaba a verse difusa bajo la mirada del nuevo novio de mi mamá.

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