Oscura y cruel Profecía.

Oscura y cruel Profecía.

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    Capitole 3
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WpMetadataNoticeUltima publicare lun, ian 29, 2024
¿Es el infierno como lo pintan? ¿O tal vez el infierno está vacío y sus demonios están aquí? Entre nosotros, mostrando sonrisas cálidas y brindando seguridad aunque sean ellos el mismísimo peligro. No había voz que nos asegurará aquello. Y eran pocos los que creían en el hecho de que la naturaleza guarda recuerdos, y más allá de eso, secretos también. Bajo cada copo de nieve había una historia, un grito y un llanto, incluso delirios de "Enamorados" aquellos a los que el blanco vestía sus pies , el frío quemando su piel con cada paso, ¿Quemaba la nieve tanto como las llamas del infierno? Quizás. Cada 100 años las llamas de una maldición se alzaban en Calanthe, pero estás vestidas de blanco, como la luna, quién admiraba el espectáculo pintándose en ocasiones de rojo en reflejo de la sangre derramada. Algunos dicen que no cuenta como castigo si gusta como quema, ¿Será cierto?, Quizás Morie deba vivirlo en carne y hueso para averiguarlo.
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Cautelosa, así es como solían describirme, una mujer recelosa pero decidida, con una visión clara de lo que quería. No desperdiciaba mi tiempo en cosas inciertas; la mujer que nunca se dejaba llevar por impulsos, la que sabía cuándo hablar y cuándo dejar que el silencio gobernara. Estas fueron las frases con las que a menudo me elogiaban, asegurando que eran cualidades excelentes, pero yo lo llamaba de otra manera. Cobarde, sí, esa definitivamente era una palabra perfecta para describirme. Tenía un pacto no escrito con la rutina, y la monotonía era mi fiel compañera. Porque la emoción, señores, no es una chispa inofensiva; es un sendero de gasolina esperando la llama que lo encienda todo. Y el fuego... lo odio. Lo temo. Porque ya lo sentí en la piel. Ya bailé al compás de sus lenguas abrasadoras, y cuando terminó, me dejó hecha cenizas. Y ¿saben qué? Fui una estúpida. Pensé que vivir en la seguridad de lo predecible me salvaría. Que si mantenía el ritmo lento y apagado, las llamas no volverían a alcanzarme. Qué ingenua. Lo que nadie te dice es que la rutina es un bosque seco, acumulando suspiros sin pasión, y el aburrimiento, un polvorín esperando una chispa minúscula para devorarlo todo. Y así fue. Evitando el fuego, caminé directo al infierno. Qué irónica es la vida; evitaba el fuego y terminé encontrándome cara a cara con el mismísimo infierno.

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