Lo que comienza como un encuentro incómodo se transforma en una propuesta inesperada, una apuesta en la que lo que está en juego no es dinero ni estatus, sino la propia libertad. Si Mary pierde, será la mascota de Ririka para siempre. Si gana, podrá pedirle cualquier cosa. Todos los derechos a sus respectivos creadores. Esencialmente a Kakegurui.
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