No todas las batallas comienzan con espadas. Algunas empiezan en pasillos escolares, entre miradas desafiantes, discusiones estúpidas y proyectos de química que terminan en desastre. Mercurio y Venus eran, desde que cualquiera pudiera recordar, enemigos declarados.Para el resto del mundo, su rivalidad era una fuerza tan constante como la gravedad. Lo que nadie sabía era que, a veces, el odio no es más que un disfraz torpe para emociones que dan mucho más miedo. Y que, cuando el orgullo finalmente se derrite, el amor encuentra la forma de abrirse paso.
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