En Hogwarts, el nombre lo es todo. Y ser un Weasley viene con expectativas marcadas: valentía, lealtad, rojo Gryffindor ardiendo como una antorcha familiar. Pero Ophelia Weasley no ardía. Ella era bruma. Era duda. Era una mirada detenida en los rincones que nadie observa y preguntas que nadie se atrevía a hacer. Cuando el Sombrero Seleccionador gritó "¡Slytherin!", el Gran Comedor no solo guardó silencio... contuvo el aliento. No era un error. Era una grieta. Una Weasley entre las serpientes. Y así comenzó su historia: no como una heroína esperada, sino como una excepción. Entre sospechas y susurros, entre hermanos que ya no sabían cómo mirarla, y un castillo que parecía dividirse con cada paso. Pero a veces, las decisiones más poderosas no se toman con la varita, sino con el corazón. Y en una guerra que aún no ha comenzado, Ophelia tendrá que elegir quién quiere ser... y a quién está dispuesta a amar. Aunque eso signifique enfrentarse a todo lo que lleva en la sangre.
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