Aún tengo en mi cabeza el sonido del reloj... aquellas doce campanadas, eran como una cuenta regresiva y cuando estas pararan de sonar, mi corazón dejaría de latir.
Y tal vez el fin en realidad sea el inicio, tal vez el 12 deje de ser mi número maldito; mis ojos estaban cegados y al partir se expandieron, no estoy muy segura de casi nada.
De lo que estoy segura son de tres cosas, el frío nunca se va, la sangre deja de tener sabor, y la venganza puede ser una motivación más fuerte que el amor, o eso es lo que yo veo desde la muerte.
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