¿Alguna vez has amado con todo tu ser, hasta que duele respirar? ¿Has sentido que se convierte en tu mundo y de repente, desaparece? Así me pasó a mí. Así me destrozó aquella persona que pensé que sería eterna.
Tenía catorce cuando creí que el amor podía salvarme. Mamá no entendía, decía que estaba equivocada, que estaba mal. Pero yo amaba como se ama solo una vez, sin medida, con miedo, con urgencia. Nos creíamos invencibles, hasta que se fue sin aviso. Sin despedida. Sin dejar un solo rastro que indicara le importé.
Se había perdido para siempre. Amigos me aseguraban que estaba bien, pero mi corazón no podía aceptar que me había abandonado. Me dejó en un abismo de recuerdos y silencios. Y yo caí en una tristeza que me envolvía como un manto helado. ¿Alguna vez has sentido que nada tiene sentido, que cada día es un eco de lo que perdiste? Justo eso sentí.
He escrito estas cartas. Para ti, aunque sé que nunca las leerás. Para mí, para sostenerme en medio del dolor, para entender cómo se ama a alguien que no quiere quedarse. ¿Lo entiendes? Es imposible odiarte del todo cuando te amo tanto, y es imposible amarte sin sentir el vacío me consume.
Quiero que sepas, lector, que estas páginas no son solo historias de amor. Son fragmentos de noches sin dormir, de lágrimas que caen silenciosas, de recuerdos que arden. Cada línea es un pedazo de mi alma rota, un eco de lo que fuimos y nunca volveremos a ser. Te preguntarás: ¿podría alguien sobrevivir a algo así? La respuesta, amigo, es que sobrevivimos, pero nunca igual, nunca completos.
Nunca te perdonaré del todo, y sin embargo, nunca dejaré de quererte. Así es el amor que quema y desgarra, que deja cicatrices imborrables. En estas páginas encontrarás mi dolor, mis recuerdos, mis lágrimas, mis fragmentos de carta y mi corazón entero, aunque roto. Cada palabra es un testimonio de que exististe y me cambiaste para siempre.
Porque hay amores que solo existen cuando ya no est
Todos los derechos reservados