En la vida, tenemos distintos amores: los que marcan, los que duelen, los que dejan huella, los que queman, los que enloquecen... y ese amor. Ese que, aunque fue efímero, aunque al final terminó partiendo, nunca se olvida. Porque en el fondo, nunca se va del todo... o tal vez sí se va, pero solo porque la maldita muerte siempre nos arrebata lo que más amamos.
Ella es ese amor. Pero, maldita sea... ojalá la muerte no me la arrebate.
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