Nueva York siempre había sido mi hogar.
El ruido constante de los taxis, las luces que nunca se apagaban y el murmullo interminable de la ciudad eran parte de mi vida desde que tenía memoria. Algunas personas dicen que Nueva York puede ser abrumadora.
Para mí siempre fue normal.
Crecí rodeada de edificios imposiblemente altos, restaurantes elegantes y reuniones donde los adultos hablaban de negocios mientras yo fingía prestar atención.
Mi padre decía que Nueva York era la ciudad donde los sueños se hacían realidad.
Y, durante mucho tiempo, pensé que tenía razón.
Vivíamos en un penthouse con vista a Central Park, mi madre organizaba cenas con personas importantes y mi padre siempre parecía estar cerrando el próximo gran negocio.
Todo en mi vida parecía perfectamente planeado.
Perfectamente controlado.
Tenía a Elliot.
Elliot Walker era todo lo que cualquier chica podría querer: atento, dulce, y el tipo de persona que hacía que todo se sintiera estable. Con él, las cosas eran simples. Predecibles. Seguras.
Y luego estaba Chris.
Chris Bennett apareció en mi vida hace años y desde entonces parecía decidido a hacer exactamente lo contrario de lo que cualquier persona normal haría. Era arrogante, sarcástico y tenía una habilidad impresionante para irritarme en cuestión de segundos.
También era la única persona que realmente parecía conocerme.
Tal vez por eso nunca me preocupé demasiado por el futuro.
Pensé que todo seguiría igual.
La ciudad.
Mi familia.
Elliot.
Chris.
Mi nombre es Margaret Jones.
Pero todos me llaman Margo.
Y esta es la historia de cómo todo comenzó.
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