- ¡No puedes irte como si nada hubiera pasado! -le grité enfurecida a su espalda.
Se dio la vuelta lentamente, tardo unos cuántos segundos en reaccionar, pero yo sentí que fueron minutos en mi mente, segundos que dolían al recordar la última vez que lo había visto.
-Deberías irte a casa, Ayla -me respondió Jeff con un tono enfurecido mientras me fulminaba con la mirada.
- ¡No iré a ningún lado hasta que me aclares que es lo que tenemos! -sé que estaba gritando como desesperada en medio de la noche, pero no podía perderlo de nuevo, bajo esa lluvia torrencial nadie más podía escucharnos.
Solo se me quedó viendo con la mirada congelada, su rostro no reflejaba sentimiento alguno, no tenía ninguna expresión, sabía que en ese momento iba a decir algo que iba a herirme más de lo que ya lo había hecho, era algo que le encantaba hacer últimamente.
-Ayla... -pronunció mi nombre lentamente como saboreando cada letra mientras pensaba que responderme.
-Por favor, Jeff -le suplique acercándome a él- Hablemos tranquilamente, hay que solucionar todos nuestros problemas, por favor, dame una oportunidad para demostrarte que lo nuestro puede funcionar, ya lo hemos hecho antes así que podemos hacerlo ahora, no puedes rendirte, no después de todo lo que hemos pasado juntos.
Estaba acaparando su atención, pero cuando yo daba un paso él retrocedía otro, sería imposible acortar la distancia que nos separaba, esa distancia que se interpone entre nosotros.
-No puedo hacerlo, Ayla -me contestó negando con la cabeza al tiempo que se detenía y yo me acercaba para tratar de tocarlo.
Asher pensaba que tenía una vida perfecta. Era el mejor en su equipo de hockey, tenía las mejores notas en la universidad y un grupo de amigos que parecían serle fiel.
Pero cuando conoce a Skye, la hermana de uno de sus mejores amigos cree que la chica está loca. Tiene una actitud tan dura que es difícil de romper y suele irritarlo todo el tiempo desde que se ha mudado a vivir con su hermano y él.
Y cuando los chicos del equipo le proponen que no conseguiría conquistar a alguien como Skye, lo ve como un reto que está dispuesto a jugar, una apuesta para conquistar el corazón de alguien como Skye es suficiente para que Asher acepte, pues es demasiado competitivo y no está dispuesto a perder su puesto en el equipo de hockey y pasarse el resto del año en la banca como le han apostado.
Sin embargo, a medida que conoce a Skye, Asher se da cuenta que la chica es todo lo contrario a lo que le ha tratado de demostrar, conquistarla no parece tan complicado como pensaba y el corazón de ella no parece ser el único en juego.