Ella lloraba en cada esquina de su habitación, llena de fantasmas y malos recuerdos que la perseguirán, quizá, por el resto de su vida.
Eran propios y estaba acostumbrada, sin embargo cuando la luna aparecía o la lluvia no cesaba, era difícil reprimir las lágrimas que amenazaban con salir.
No tendría que sentir tanta tristeza, nadie merecía tan poco e igualmente nunca creyó ser salvada, por lo menos no hasta que llegó él.
Otro desdichado ser.
La miseria ama la compañía, no encontraba otra explicación.
Él no lloraba, no conocía la tristeza, mucho menos la debilidad. Sus fantasmas eran ignorados la mayoría del tiempo, no los conocía y no los aceptaba.
En su oscura habitación solo era él y su ego, cuando aparecía la luna él era un rey, un líder y en noches lluviosas descansaba en paz, porque el caos era parte de él.
Él no sabía que necesitaba ser salvado, por lo tanto jamás pidió serlo y se mantuvo estancado en un mundo de maldad, abuso de poder y soledad.
Se conocieron sin querer, porque a los 17 nadie sabe nada y ellos no sabían que se necesitaban.
Dos almas jóvenes, diferentes e iguales al mismo tiempo.
El chico de las horribles pesadillas y perturbadores sueños, no sabía que la luna lo amaba. No es aterrador, es encantador.
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