Es encantador el hobby de tejer o coser, pero no hay nada más frustrante que cuando se cae la bola de estambre o el carrete de hilo, y todo termina enredado. Inspiras profundo, cuentas hasta diez y, con paciencia, empiezas a seguir el camino de cada vuelta, cada nudo, tratando de soltarlos sin romperlos o enredándolos mas. Y cuando por fin logras ponerlos en su lugar, todo fluye: la aguja pasa de un punto a otro, cruzándose y encajando perfectamente. A veces, los hilos no solo crean. También unen. Emilia no está huyendo. Está buscando. Aunque a veces, entre canciones de carretera y mapas arrugados, se le olvide la diferencia. A sus veintitrés tiene más dudas que certezas, y heridas que aún no sabe nombrar -que si no libera, se convertirán en nudo. Dando vueltas y giros en medio de carreteras perdidas, va desenredando su historia. Tratando de hilar fragmentos de sí misma. Y cuando los hilos se cruzan... las cosas se vuelven más interesantes.
More details