Sabía que era hija de Hera, la única semidiosa en la historia con ese linaje, sabía que su madre la había protegido y sabía que debía estar agradecida. Desde su llegada al campamento a veces soñaba con dragones y castillos otras veces, con una voz que susurraba su nombre con desesperación y siempre despertaba con el corazón acelerado y una sensación de pérdida que no podía explicar. Pero cuando conoció a Percy Jackson, todo cambió. Desde el momento en que sus ojos se encontraron con los suyos, un escalofrío recorrió su cuerpo. Algo en él le resultaba extraño... y familiar al mismo tiempo.
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