Checo era SUYO. Lo había mordido una vez cuando tenían cinco años, en plena pelea por un crayón azul. Y desde entonces, eran inseparables. Max decía que lo había marcado primero. Que Checo era suyo por derecho. Su mejor amigo, y punto. Pero los años pasaron y ambos crecieron. Checo aún sigue siendo su mejor amigo. Pero Max sabe que las cosas estan cambiando. Checo ahora también huele a naranjas dulces y él no puede dejar de pensar en eso.
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