Hay encuentros que parecen casualidad... pero se sienten como destino. César ya no creía en el amor. No después de tantas veces en las que lo quisieron... pero nunca de verdad. Aun así, no dejó de creer en el. Ella, en cambio, había aprendido a no creer en los hombres. Para ella, todos mentían... todos fallaban. Hasta que un choque en una feria cambió todo. Dicen que cuando conoces a la persona correcta... lo sabes. Pero ellos no intercambiaron más que unas palabras. Ni nombres. Ni promesas. Y aun así... no pudieron olvidarse. Ella siempre dijo que los hombres mentían... hasta que él apareció sin prometer nada... y aun así la hizo dudar. Días después, el destino volvió a cruzarlos... como si insistiera en unirlos. Porque hay personas que llegan sin avisar... y se quedan sin pedir permiso.
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