Se veía como alguien sumamente asexual. De esas personas que ni siquiera se tocaban a si mismos o tenían algún interés sexual. ¿¡Cómo iba a saber él que lo estaría provocando con cada cosa que decía!? Según el, no era para nada su culpa. Sin embargo, para el oso, el era el culpable de todo, y tendría que pagar.
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