En el subsuelo, la superficie es solo un mito lejano y la paz no es más que una ilusión frágil sostenida por miedo y desconfianza. Allí, sobrevivir significa adaptarse a un mundo donde la bondad es vista como debilidad y cada error puede costar más que la vida.
Tighnari cae a este lugar sin comprender sus reglas, pero pronto descubre que su destino no funciona como el de los demás. Cada vez que muere y regresa, algo cambia: una flor brota en su cuerpo como señal de que el tiempo no lo ha dejado ir del todo, como si el propio subsuelo lo estuviera reclamando.
A la par, una segunda voz dentro de su mente comienza a hacerse más clara, más presente, como si conociera este mundo mejor que él mismo.
En cada intento de sobrevivir, Tighnari se ve obligado a cuestionar no solo lo que es correcto o necesario, sino también lo que está empezando a convertirse dentro de sí.
Y en un lugar donde incluso la esperanza aprende a endurecerse, queda una última duda:
¿qué sigue siendo humano cuando el dolor deja huellas que vuelven a florecer?
All Rights Reserved