Con las secuelas del ataque de los necromos aun cicatrizando, solo queda una cosa por hacer: terminar de sanar.
Más responsabilidades le esperan al Rey Selatrop. Ahora adulto y con su rol asumido, está decidido a velar no por uno, sino por los que ahora son sus dos pueblos, lo que incluye cientos de miles de niños mágicos integrándose a una cultura devota a su bosque. Por suerte, no estará solo, ya que la última decisión que les ha permitido este hito en la historia del mundo de los doce, fue consentida por su nueva Reina, con quien comparte un vínculo cada vez más sólido, más allá del deseo de dos jóvenes enamorados.
Y mientras la consolidación de su romance está al punto de traer más de una no muy grata consecuencia, para sus vidas, su reino, y para un planeta entero, los nuevos monarcas solo desean disfrutar de su momento de regocijo, mientras dure.
Ya que, para dos aventureros como ellos, la paz no será para siempre.
De niña Eirin Cormac soñaba con ser jinete: surcar los cielos a lomos de un dragón, despertar un poder increíble con el que cuidar de sus seres queridos y, tal vez, convertirse en una figura de leyenda.
De adulta la historia no puede ser más distinta.
Marcada como hija de rebeldes y obligada a someterse al cuadrante de los jinetes solo tiene una aspiración: no morir.
Sin embargo, la situación de Navarre es precaria, la estabilidad de Bastiagh se desmorona y todo aquello contra lo que se rebelaron sus padres amenaza con derrumbar hasta los cimientos de la historia.
Y, de alguna forma, Eirin se ve envuelta en medio de todo este caos.
Viejos amigos que se reencuentran, nuevas amistades que se forjan, aliados y enemigos que se desdibujan, traiciones, mentiras que apenas se sostienen y, tal vez, incluso un amor que le da sentido a todo.
Porque este año, los nuevos cadetes vienen para no dejar indiferente a nadie.