Park Jimin, con su sonrisa radiante y su personalidad amable, siempre había sido el alma de cualquier reunión. Su pasión por la danza y su amor por la música lo convertían en un torbellino de energía que contagiaba a todos a su alrededor. Sin embargo, tras esa fachada segura y alegre, se escondía un joven marcado por las expectativas de su familia, especialmente las de su padre, quien siempre había presionado a Jimin para que se ajustara a los estándares tradicionales de masculinidad.
Por otro lado, Min Yoongi irradiaba una calma serena que contrastaba con la intensidad de Jimin. Con una mirada penetrante y un carácter frío como el hielo, Yoongi parecía estar siempre un paso adelante, calculando cada movimiento con precisión. Su amor por la música lo llevó a expresarse a través del rap, convirtiéndolo en un artista talentoso y profundo. A pesar de su apariencia reservada, aquellos que conocían a Yoongi sabían que detrás de sus ojos profundos se escondía un espíritu apasionado y leal.
La vida de Jimin dio un giro inesperado cuando su padre lo obligó a cumplir con el servicio militar, una experiencia que él temía debido a sus inclinaciones consideradas "poco masculinas". Sin embargo, en medio de ese desafío impuesto, Jimin encontró algo inesperado que fue conocer a Yoongi en un entorno completamente distinto, un lugar donde tendrían que luchar juntos no solo contra las demandas del entrenamiento militar, sino también contra los prejuicios arraigados en la sociedad por su amor.