Para Xiao, el estar solo era algo a lo que estaba acostumbrado. No necesitaba a nadie. No quería a nadie. Los humanos y sus sentimientos eran de poca o nula importancia para él. En su vida no había lugar para otra cosa más que el dolor y el sufrimiento. Era su destino, y ya lo había aceptado. Pero lo que él no sabía, es que un día su oscura noche eterna pronto acabaría. Y un sol brillante y reluciente, llegaría para iluminar su vida. "Sólo di mi nombre, y acudiré a tu llamado..." "Siempre que me necesites..."
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