Harry era la futura reina de Eroda y estaba casado con un alfa que no aparentaba lo que realmente era. Tras la fachada del matrimonio perfecto, el príncipe soportaba gritos, golpes e infidelidades que marchitaban su alma día tras día. No conocía la felicidad en su matrimonio... se había resignado a ser un objeto decorativo en manos de un hombre cruel.
Hasta que llegó él.
Entre las sombras de la guardia real, apareció una presencia que no buscaba doblegarlo, sino sostenerlo.
-Un rey no debería hacer llorar a su reina.
Louis Tomlinson, su protector, fue el único capaz de ver tras su máscara de dolor. En sus brazos, Harry descubrió que el respeto era posible y que su corona no le pertenecía a su marido, sino a él mismo. Louis no solo le devolvió la dignidad, sino que le enseñó que incluso el omega más herido puede convertirse en el soberano más temido.
Porque la corona le pertenecía... y ya no estaba dispuesto a jugar.
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