Lago de los cisnes

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WpMetadataNoticeÚltima publicación dom, nov 10, 2024
Draco habia estado en una relación de años con una hermosa bailarina de ballet llamada Astoria para el ella era su único amor sin embargo aquella chica murió. Durante dos años Draco estuvo sumergido en una gran depresión de la cual le costó mucho salir sin embargo un día pasando por el viejo estudio de ballet dónde su amada solía ensayar te vió. Tú estabas bailando tranquilamente, al verte Draco enmudece, eras exactamente igual a aquella chica que el amó pero se dio cuenta que eras un chico , eso es lo de menos cuando le recuerdas a su ex difunta novia. el pelinegro noto su mirada, se paro a verlo con curiosidad, en sus labios rojizos se formó una sonrisa muy tierna, volvió a bailar gracias a los regaños de su profesora.
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Hay un principio muggle que Draco Malfoy cree que describe su vida con precisión quirúrgica: la ley de Murphy. Ese nefasto axioma que dicta que "si algo puede salir mal, saldrá mal". Y francamente, Draco estaba convencido de que alguna entidad cósmica se divertía a su costa desde el momento en que tuvo uso de razón. Los hechos hablaban por sí solos. Cuando intentó hacer amigos, salió mal. Muy mal. Quiso asistir a Beauxbatons junto a Jason y Theo, pero por supuesto, acabó en Hogwarts. Solo. Trató de mantenerse lejos de Harry Potter y-¿adivinen qué?-el estúpido Gryffindor lo arrojó de su escoba. Planeó pasar el baile de Yule tranquilamente en casa, rodeado de amigos y buena música... pero no. Terminó castigado en el castillo. Por culpa de Potter, otra vez. Y de entre todos los desastres de su existencia, uno destacaba con brillo propio como el centro gravitacional de su mala fortuna (al menos desde que lo mandaron a Hogwarts): Harry Maldito Potter. Su ya mala suerte empeoró desde que conoció a aquel chico... ¿Coincidencia? Draco lo dudaba. Era como si Potter estuviera mágicamente sintonizado con su infortunio, como un imán ambulante de caos que no solo arruinaba su día, sino también sus planes, su reputación y, últimamente, su paciencia. Así que si había una verdad absoluta en la vida de Draco Malfoy, era esta: nada, absolutamente nada, salía como él quería.

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