La gente que pasaba por la calle nos veía y nos juzgaba, para ellos yo no era más que la chica delincuente y él, el chico suicida, una mezcla casi imposible, como agua y aceite, creo que ni siquiera yo puedo explicar como pasó, pero simplemente éramos, y eso bastaba para mi.
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Ririka está harta de ver a algunas personas de su vida enamoradas y tener que ser la que de consejos amorosos, así que decide jugar a Cupido pero sabe que no será fácil pues...
¿Quien dijo que el puesto de Cupido era fácil?