En el vasto y turbulento reino de Poniente, la Casa Targaryen ha dejado una marca indeleble en la historia. Aegon I, Rey de los Ándalos, de los Rhoynar y de los Primeros Hombres, junto a sus hermanas, Visenya y Rhaenys, unificó los Siete Reinos bajo el estandarte de tres dragones. Este emblema no solo simboliza el poder con el que conquistaron Poniente, sino también la sangre real que se sentaría en el Trono de Hierro.
Casi cien años después de la conquista de Aegon, Rhaenyra Targaryen, una omega de Fuego y primogénita de Viserys, enfrenta un desafío similar. Tras la muerte de su amada esposa, Aemma Arryn, Viserys jura que lo que se le negó a Visenya no volverá a pasar. Daemon Targaryen ambiciona el trono, convencido de que su sobrina, Rhaenyra, no es apta para gobernar. Mimada y caprichosa, cree que su destino no es el trono, a diferencia de Visenya en sus comienzos. Los omegas de fuego son volátiles y Rhaenyra no es la excepción. Daemon, conocido como el Príncipe Canalla, lucha por que su hijo, Aegon II, sea el heredero, o al menos que sea comprometido con Rhaenyra, quien lleva los ojos de Aemma Arryn.
Declarada heredera, Rhaenyra debe enfrentar sus problemas con temple, pero su mayor enemigo resulta ser la persona en quien pensó que podía confiar: Daemon. Herida y traicionada, Rhaenyra huye con su dragón, Syrax, y los huevos preciosos que lleva, jurando no volver jamás mientras la sangre de su amado corre por sus manos.
Veinte años después, Rhaenyra se ve obligada a regresar a Desembarco del Rey para salvar a sus hijos y a su esposo, enfrentando al rey, a la corte y a Daemon.
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