Llegué a París sin nada, solo con una maleta, mis estudios y un sueño. Siempre supe que París no era lo que vendían en Instagram, ni lo que mostraban las películas románticas. Las historias sobre drogas, fiestas locas, traiciones y ego eran reales. Pero también sabía que si quería vivir de lo que amaba, tenía que enfrentarlo todo... incluso a los hombres que nunca me miraron más allá de la ropa ajustada del staff.
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