Mitzuki Tsukishiro jamás imaginó que al convertirse en Pilar no solo cargaría con la guerra contra los demonios, sino con las miradas constantes de dos cazadores que parecen querer protegerla a toda costa. Sanemi, impulsivo y ardiente como el viento. Obanai, frío y silencioso como la serpiente que lo acompaña. Ambos la desean, ambos la cuidan... y ella está atrapada entre el deber y un sentimiento que nunca pidió.
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