El reflejo en el espejo de una persona que no reconoces; la identidad quebrantada que te carcome desde adentro al observarla. Aquello deriva de la muerte de tu propio ser.
En cada momento que se te ha empujado al límite, una parte de tí agoniza y muere. El duelo de la muerte del ser, de tí mismo, golpea sin avisar.
No te das cuenta de que, aquél que fuiste en algún momento, ya no existe, porque solo lo descubres cuando al observar a tu reflejo, ya no reconces a quien ves.
El desespero de no entender quién es o cuando te volviste lo que eres ahora, te empuja a la ira, tristeza, frustración, confusión. Ahí ocurre, el duelo a la muerte del ser.
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