La luz del sol apenas se filtraba a través de las densas copas de los árboles del Claro, cuando la Caja comenzó su ascenso, emitiendo los característicos chirridos metálicos que ya se habían vuelto parte de la rutina diaria. Los habitantes del Claro se congregaron alrededor del pozo, como lo hacían cada mes, esperando con ansias la llegada de un nuevo integrante. Sin embargo, esta vez, el contenido de la Caja iba a cambiarlo todo.
Thomas, un chico de mirada inquisitiva y espíritu intrépido, se abrió paso entre la multitud, su corazón latiendo con una mezcla de emoción y nerviosismo. La Caja se detuvo con un estrépito final, y cuando sus puertas se abrieron, un silencio sobrecogedor envolvió a los presentes. Allí, en el centro del oscuro compartimento, estaba Sophia, la primera chica en llegar al Claro.
Los ojos de Thomas se encontraron con los de Sophia y, en ese instante, algo indescriptible se encendió en su interior. Era más que curiosidad, más que la simple novedad de ver a una chica; era una conexión profunda y casi inexplicable. Sophia, con su expresión mezcla de confusión y determinación, parecía ser mucho más que una simple recién llegada. Su presencia prometía cambiar el equilibrio del Claro, y para Thomas, su llegada sería el comienzo de una aventura más grande de lo que jamás había imaginado.
Las cosas en el claro tienen que adaptarse pues hay una chica nueva.
Realmente ella nunca se enfocó en lo romántico debido a su situación, pero él hace prácticamente imposible el que ella no se interese.
El único problema es que ambos se dan cuenta demasiado tarde.