Sara sabía que de alguna forma pasaría.
Sabía que confiar con la primera persona no sería bueno.
Ahora todos sabían,rumores recorren por todas partes y es tan frustante pasar por esos pasillos y que todos te miren con pena.
Para después encerrarse en los baños a llorar,desahogarte de todo que lo rodea,trata de ser fuerte para no asustar,de alguna forma,a su madre,que trabaja tan duro para mantenerla a salvo bajo un techo.
Los sentimientos no son encontrados,por más que busque no los haya.
Y siente tanto miedo de que la vuelvan a lastimar,que no quiere a nadie cerca.
Rabia es la primera palabra que puede describir como se siente,era tan obvio.
Como él podía de alguna manera,trasportarla a otro mundo,donde no había problemas,solo ellos.
Está tan asustada,todo pasó tan rápido que en un cerrar de ojos,todos sabían que su padre los había abandonado,a ella y a su madre.
De alguna manera,no sabría explicar,la chica de cabellos marrones,sentía que era su culpa,al contarle a Mario,todo cambió.
Ver a una chica llorar es lo peor que puedas hacer,y,es un error dejarlo.
Luego de años preguntarás por ella,y la respuesta no te gustará.
A veces, la vida duele más de lo que las palabras pueden explicar. Ella lo sabía bien. Cada mañana era una lucha contra sus propios pensamientos, una guerra silenciosa en la que siempre salía herida. La ansiedad la estrangulaba desde dentro, y el mundo a su alrededor parecía indiferente. Nadie imaginaba que detrás de su mirada vacía se escondía un infierno: el monstruo que vivía bajo el mismo techo, le había robado la inocencia y la calma.
Una tarde, todo colapsó. En medio de un ataque de pánico en los pasillos del instituto, cayó al suelo temblando, incapaz de respirar. Un chico de mirada intensa y silenciosa, que no dijo nada pero se arrodilló a su lado y le sostuvo la mano. Había algo en él... una oscuridad parecida a la suya.
Lo que no sabía era que aquel desconocido no era cualquier chico Cargaba con sus propios demonios, cicatrices invisibles que lo hacían diferente a todos los demás. Y sin saber por qué, decidió que quería ayudarla. Porque a veces, las almas rotas se reconocen entre sí.