Ecos de un amor

Ecos de un amor

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WpMetadataNoticeÚltima publicación mié, jul 17, 2024
En un pequeño pueblo donde las montañas besan el cielo y los ríos murmuran secretos antiguos, vivía un joven llamado Daniel. Su vida transcurría entre los libros polvorientos de la biblioteca local y los senderos cubiertos de hojas doradas. La rutina, aunque tranquila, dejaba un vacío inexplorado en su corazón. Cada mañana, el sol nacía entre los picos nevados, y Daniel se encontraba inmerso en mundos lejanos y personajes que sólo cobraban vida en las páginas amarillentas. Todo cambió el día que conoció a Luna. Ella irrumpió en su mundo con sus ojos brillantes, como luciérnagas en la penumbra de la noche, y una sonrisa que irradiaba la calidez del sol en un día de invierno. Sus encuentros comenzaron casualmente, bajo el dosel de un viejo roble en el parque central. Lo que al principio fueron miradas furtivas y saludos tímidos, pronto se convirtieron en conversaciones que fluían como ríos desbordados. Con el tiempo, esos encuentros se tornaron en momentos compartidos, donde los atardeceres pintaban el cielo de carmesí y las caminatas bajo la lluvia se convertían en aventuras íntimas. Daniel descubrió en Luna no solo a una compañera de risas y confidencias, sino a alguien que entendía los susurros más profundos que residían en su alma. Sin embargo, el tiempo, ese maestro impredecible y cruel, tenía otros planes para ellos.
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A veces querer a alguien no es simplemente estar con una persona. Se necesita conectar y sentir cosas que con alguien normal en tu vida no experimentabas. Y eso fue lo que le pasó a Alessia. Conoció a alguien que la complementó de muchas maneras y estuvo ahí de muchas otras. Esa persona siempre será ese algo en su vida que recordará con una sonrisa. Fue sus primeras risas después de una ruptura. La primera vez que sintió el no poder ser egoísta y querer forzar que pasara algo entre ella y él. Le dedicó más que solo tiempo; le dedicó letras y música. Lo hizo parte de sus cosas favoritas y de las que no le agradaban tanto. Las noches hasta tarde hablando viendo la luna y las estrellas. Esa era su parte favorita. Él era su sol. La persona que la complementaba hasta más no poder. Esa persona por la que se desvivía pensando en qué hacer y no hacer. Ella siempre esperaba por él; por una muestra de cariño, por una muestra de afecto, así como la luna esperaba a que el sol le diera los primeros rayos de luz, así como también esperaba que el día le permitiera sentir un poco de calor en una oscuridad fría y solitaria. Para Alessia él lo era todo, pero, ¿para él era igual? Esa fue la duda que siempre pasaba por su cabeza. Sus caminos fueron construidos por el destino; destino el cual aún falta por descubrir. Y que aún así ella ya sabe cuál es el final de la historia. Pues no importaban todas las noches, los días o las semanas de papeles guardados en una caja azul, él ya no las necesitaba y eso era lo que más le dolía.

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