En la ciudad subterránea, la luz a penas entraba lo suficiente como para que su piel tuviese un color ligeramente saludable, el aire era pesado y olía mayormente a azufre, cargando los pulmones de todo aquel que lo inhalase. Cualquier persona que soñase con salir de ahi, soñaría con el fresco olor del mar.
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