¿Cuál era la probabilidad? Las veces que lo miré, cuando por primera vez visitó nuestra casa. Ojos fríos como el hielo, azules tan claros que parecían grises. Lo odie. Odie su maldita sonrisa. Odie sus ojos juguetones y sobre todo, odie cada palabra que dijo. Mi pecho ardió cuando lo escuché prometerle a mi hermano que jamás me tocaría. Y una mierda, Jarek Harrison. Iba a demostrarle que ponerme límites no iban conmigo, que prometer cosas por quien era solo terminaría en algo peor. Jarek no era solamente el chico por el que babeaba desde sexto grado, si no que también se había hecho amigo de mi hermano. No. No solo eso. Era el jodido mejor amigo de mi hermano.
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