Olivia conoció a Milo el día de su cumpleaños número once. En una fiesta donde se sentía invisible, él fue el único que le dio un regalo. Apenas hablaron, pero su recuerdo quedó grabado en ella, junto con el olor a mandarina de aquel incómodo abrazo. Años después, el destino vuelve a cruzarlos, pero el tiempo y las circunstancias han cambiado demasiado. Olivia y Milo descubren que algunos amores no necesitan años para echar raíces, pero sí una vida entera para olvidarse. Lo que sienten es intenso, inevitable... y prohibido. Porque el amor no siempre llega de la maneras correcta. Y a veces, simplemente, no debería llegar.
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