Me di cuenta de qué tenía el cuadro mental y moral de un suicida, sin embargo, carecía de lo más importante.
La valentía de pegarme un tiro en la sien.
Lleve una mano temblorosa a mi costado, sintiendo como de este comenzaba a salir un liquido y como un dolor insoportable recorría cada parte de mi cuerpo.
El me había disparado.