No voy a preguntar: ¿Qué harías si...?
Porque ni yo misma lo supe, solo actué, y no, no busco coherencia en mis acciones, ni en las suyas. Porque seamos francos: ¿qué es la coherencia? Definitivamente no lo sabemos, y si lo supiésemos, absolutamente no fuéramos ni él, ni yo, y mucho menos, nosotros.
"¿Qué tienes dentro?" Imagina tener un enorme pozo hueco respondiendo a esa interrogante; como si lo hubiesen cubierto con flores, pero, aún así, sintieras el profundo vacío. Deseaba flotar... yo no quería llegar al fondo, juro que no: ella sí.
Ahora imagina conocerlo, imagina enamorarte, que sea diferente; como si no fuese amor «¿qué es el amor en sí?», sino algo más fuerte, algo un poco obsesivo, algo infinitamente placentero pero malditamente cortante, una conexión que manda descargas eléctricas, palabras que apuñalan directo al alma, un roce que derrama una desgracia, pero, simultáneamente, te hace respirar en medio de su bruma.
Yo tenía todas las llaves; podía abrir todas las puertas: menos una, menos la que necesitaba... menos la que necesitaba cerrar herméticamente, clausurar... olvidar.
Él sí podía «Lo sabías. Me fallaste». ¿Por qué?
Y ahí... un colapso, un cúmulo, un mundo, mi mundo de emociones encima de mi cabeza; dentro de mi mente; y de repente... todo tiene sentido.
Le di el poder de llevarme al cielo y de destruirme al mismo tiempo, pensando sólo en tocar las nubes.
Nunca sopesé vivir la caída del cielo a la tierra... de la beldad mentira a la vertiginosa realidad.
A veces me pregunto: ¿Qué hubiera pasado si... no nos hubiésemos conocido?
Pero no, querido lector, no aclararé tus dudas, no apagaré aquí tu curiosidad. No sabrás el significado de mi nombre, ni del nombre de estas páginas; no hasta que alcances el palimpsesto desenlace, no hasta que reveles el entrópico principio. Pero cuidado, tal vez ya he respondido todas tus incógnitas en una única descripción. Quizás ya lo sabes todo.
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