Desde pequeño fue especial, no porque heredó los ojos de su padre, ni el vitíligo de su madre. Si no porque había algo más en su interior, el cual lo hacía diferente. Cuando conoció a aquel niño que era más bajo que él supo que eran diferentes pero a la vez iguales. Aquel monito sonriente era como el Sol y el solo un fiel seguidor, y eso, la verdad no le molestaba.
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