Eva siempre creyó en las historias que su madre le contaba, relatos sobre un castillo envuelto en magia antigua, y seres misteriosos que convivían con los humanos, guiándolos desde las sombras. Seres poderosos que lo controlaban todo, excepto una cosa: la libertad humana.
Después de la muerte de su madre, Eva quedó marcada por esas historias, mientras todos a su alrededor la llamaban loca, tal como lo hacían con su madre. Pero un día, cuando su vida corre peligro, ella se aferra a lo último que le queda: las palabras que su madre le enseñó, las que debía pronunciar solo en el momento más oscuro, cuando la desesperación la envolviera. Alguien la oiría, le habían dicho. Ellos siempre escuchan.
Lo que aparece, sin embargo, no es el ser mágico que esperaba. En lugar de una figura salvadora, un ser oscuro, hecho de sombras y de los pecados de la humanidad, herido y buscando refugio, se manifiesta ante ella. Y en vez de salvarla, este ser se oculta en su interior, utilizándola como un escondite.
Ahora, Eva no solo está en peligro, sino que ha sido arrastrada al centro de una tormenta más grande de lo que jamás imaginó. Los dioses han fijado su mirada en ella, y están dispuestos a todo en su guerra por liberar un mal mucho más antiguo y aterrador.
A Mei Woondenclad la entrenaron para ser fuerte, para reinar, para sobrevivir. Pero el mundo al que pertenece nunca le permitió ser simplemente ella. Nacida de un lobo y un hada, su existencia desafía los cimientos de un imperio construido sobre la pureza de la sangre. Para muchos, Mei no es una heredera... es una herejía.
Sabe luchar, aunque nadie lo crea. Sabe gobernar, aunque nadie la escuche. Y sabe amar, aunque todos se empeñen en convertirla en un símbolo de destrucción. Acusada de ser la reencarnación de Gaia -la hechicera que desató la guerra más antigua y temida-, Mei deberá enfrentarse a un destino que la arrastra sin tregua y a una sociedad que preferiría verla caer antes que cambiar.
En medio de intrigas, heridas y traiciones, el príncipe Darick Deathoe también se desgarra entre lo que debe hacer y lo que siente. Porque amar a Mei es caminar hacia la ruina... o hacia la revolución.
Después de todo, hay mujeres que pueden desestabilizar imperios con solo existir... o darles un nuevo propósito con tan solo respirar.