El Príncipe Hechizado

El Príncipe Hechizado

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WpMetadataNoticeLast published Sun, Dec 14, 2025
Despertó desorientado, no recordaba aquel lugar. Los muebles estaban recubiertos de una capa de pintura dorada y estaban tallados con elaboradas formas que se asemejaban a ramas, hojas y otros elementos naturales. Había joyas por doquier y las paredes parecían tapices con la misma temática natural que los muebles. Se frotó los ojos y el corazón se le aceleró al no reconocer ese lugar, pero al mismo tiempo, no recordar nada de su vida, ni de él. Ni siquiera su nombre. La cabeza le dolía tanto que sentía que iba a vomitar y se acercó al borde de la cama, cerrando los ojos de nuevo y tomando profundas respiraciones. ¿Qué era ese lugar? ¿Quién era él? ¿Por qué no recordaba nada? Se levantó de la cama y se dirigió al espejo, con la esperanza de resolver algunas dudas. Al mirarse en él se vio a sí mismo, no sabía cómo, pero en su interior sabía que ese era él. Seguía sin recordar esas ropas, sin embargo; no solo no recordaba habérselas puesto, sino que tampoco recordaba haber visto nunca semejantes vestimentas. Eran muy sobrecargadas, llenas de adornos y colores vivos; como las que llevaría alguien importante, o alguien con mucho dinero. Sentía como si eso fuese distinto, aunque era una sensación extraña, ya que tampoco recordaba lo que era familiar.
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"No me doblego ante nadie... Mi pecho no guarda amor... Y jamás, bajo ninguna estrella, me enamoraré..." Aquellas palabras no eran solo un rechazo. Eran un juramento, un conjuro tallado en mármol y fuego, pronunciado por labios que jamás habían temblado. Así habló YoonGi, el hijo de los Soberanos del Inframundo, ante el trono de sus ancestros, bajo la sombra eterna del Árbol del Juicio. Sus padres lo miraban con la paciencia de los siglos, pero ni ellos, nacidos del abismo y el relámpago, podían romper la voluntad de su hijo. YoonGi, llamado por dioses y mortales El Príncipe Indomable, era más que un heredero: era leyenda viviente. Con apenas 250 años -una edad joven entre los eternos-, ya era dueño de ejércitos silenciosos, de tormentas sepultadas y de secretos prohibidos por los sabios del Cielo. Su mirada, de un oro tan antiguo como el sol primero, quemaba el alma de cualquiera que osara desafiarlo. Diosas danzaban por él, ninfas tejían melodías con su nombre, y las estrellas susurraban su destino... pero su corazón era de piedra encantada. No había caricia, ni canto, ni perfume celestial que lograra tocarlo. Los reinos suspiraban, pero su linaje parecía condenado al olvido. Y entonces ocurrió. La noche en que el cielo dejó de girar por un instante, YoonGi descendió a un estanque que no existía en ningún mapa, oculto entre ramas que lloraban savia negra. No lo guió la razón ni la curiosidad, sino un susurro que no venía del mundo. Y allí, en ese espejo de agua que no reflejaba forma alguna, la vio. O tal vez no era una figura, sino una presencia, un eco que rompió el hechizo de siglos. Aquel instante no fue amor. Fue algo más antiguo, más temido. Una grieta en la profecía. Una amenaza al destino. YoonGi no lo supo entonces... Pero en ese instante, el Príncipe Indomable comenzó a desvanecerse. Y algo mucho más grande, mucho más peligroso, comenzó a despertar.

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