Rubín despierta en un limbo, un espacio entre el presente y el pasado, donde el tiempo se pliega para revelar las piezas olvidadas de su propia historia. En este lugar extraño, puede revivir y observar sus recuerdos, enfrentándose a los momentos que moldearon su vida. A medida que avanza, Rubín descubre que mirar al pasado es como mirar al abismo: cuanto más intenta descifrar los fragmentos de su memoria, más profundamente el abismo le devuelve la mirada. Su viaje no solo es una exploración de los eventos que definieron su infancia y las relaciones con quienes la rodearon, sino también un enfrentamiento con su propia identidad, miedos y esperanzas.
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