Un canto al adiós, pero no a uno sencillo, sino a aquel que envuelve un amor profundo, incierto y eterno. Cada palabra respira nostalgia, como si al despedirse, el corazón no pudiera desprenderse del todo. Aquí, el amor no se mide ni por su duración ni por su intensidad, sino por la huella que deja en el alma, una marca imborrable que sigue viva aun cuando las palabras finales ya se han dicho. Es una despedida que duele, pero que a la vez, en su misma tristeza, revela la inmortalidad de un amor que perdurará en el recuerdo.
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