Es imposible que un alma llena de oscuridad no contagie a aquellos que la rodean, como si su sombra se extendiera lenta pero implacablemente, invadiendo cada rincón. Pero, ¿qué pasaría si un día llegara un alma blanca, una luz capaz de atravesar aquella oscuridad, de tocar lo más profundo y traer consigo un atisbo de esperanza? Esa luz, tan fuerte como frágil, podría ser capaz de contener la oscuridad, de envolverla con un calor que no conoce sombras, pero, ¿podría realmente cambiar lo que parece inevitable?
Tal vez, en la eterna danza entre la luz y la sombra, descubriríamos que aquel destino para el que fuimos plasmados, para el que nuestras almas fueron trazadas, no puede ser cambiado. A través del tiempo y el espacio, se nos recuerda que hay caminos que no pueden torcerse, senderos marcados por la misma esencia de lo que somos. Pero, tal vez, solo tal vez, una chispa de luz podría dibujar una nueva senda, revelando que incluso en la más densa oscuridad, hay lugar para un susurro de esperanza...
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