Una tarde Garp aparece con una niña y no dice más. Para los bandidos, la cabaña no fue hecha para lidiar con niños, mucho menos con lo que pronto se volvería una guerra gracias al aparente favoritismo del Vicealmirante de la marina entre sus nietos. -¡Oye sobre el escupitajo, ya pasó... no vale la pena enojarse por eso, seamos amigos... ¿vas a algún lado? -. En respuesta, Ace pateó el tronco del árbol a su costado con tanta fuerza que la madera crujió y cedió en dos mitades, astillas volando en todas direcciones. Sin esperar a ver el resultado, echó a correr mientras el gigantesco tronco giraba lentamente hacia donde Uta estaba parada, su sombra creciendo sobre ella. No miró atrás. Solo escuchó el golpe sordo de la madera contra el suelo.
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