Esta es la historia de Gabriela: de sus pensamientos, de sus silencios rotos y de cómo perder a quien llamaba su mejor amiga -esa persona que creyó perfecta- la empujó a un abismo que no vio venir. No fue solo la caída; fue el impacto. Fue descubrir que Susan también dejó cicatrices donde prometía cuidado.
Es el relato de una dependencia emocional dirigida a alguien que jamás estuvo a la altura, un lazo que se rompió tarde, pero a tiempo para que Gabriela pudiera mirarse sin miedo.
Esta historia es 10% real y 90% ficción. Nadie debería tomárselo personal.
Escribo esto para sanar, porque las palabras siempre han sido mi refugio. No busco herir, ni encender fuegos innecesarios. Solo poner en orden lo que duele para que deje de gobernar.
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