El fútbol de élite no está hecho para los omegas. Jude Bellingham lo supo desde el primer día, y con su sueño pendiendo de un hilo, tomó la única decisión posible para sobrevivir en una industria dominada por alfas: convertirse en una mentira andante y fingir ser uno de ellos. Lo mantuvo oculto en Dortmund. Lo mantuvo oculto en Madrid. Pero jamás imaginó que, años después, su mayor debilidad volvería a cruzarse en su camino con nombre y apellido: Erling Haaland.
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