Daniel se despierta con la sensación de no entender nada, como si hubiera caído en una pesadilla. ¿Por qué rayos decidió venir a este lugar maldito? ¿Qué diablos está pasando y dónde están sus amigos? Nada tiene coherencia, y lo peor es que algo asecha en la oscuridad, como una bestia hambrienta que espera el momento de atacar. Sus pensamientos se llenan de dudas y preocupación, miedo y desesperación, como un torbellino que lo arrastra hacia el abismo. Cristina, Hugo y Samanta, ¿Qué habrá sido de ellos? ¿Debería ir por ayuda o buscarlos en medio del bosque? El hombre flaquea en indecisión, mientras no logra comprender por qué ha sucedido todo esto, como si una niebla espesa le nublara la mente.
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