El mundo que una vez ardía con el caos vibrante del Infierno ahora estaba envuelto en un silencio desolador. Un Apocalipsis inesperado había azotado incluso las tierras más oscuras, dejando a demonios y almas atrapados en un estado de desesperación y abandono. Las majestuosas fortalezas de la nobleza y los escondrijos de los demonios de bajo rango se habían reducido a ruinas.
En este panorama desolador, las jerarquías que alguna vez separaron a los príncipes de los seres inferiores ya no tenían importancia. Los caminos de Stolas, el orgulloso y enigmático Príncipe Ars Goetia, y Blitz, un IMP sarcástico y desafiante, se cruzaron en un corredor lúgubre, rodeados de paredes desgastadas y ecos de un Infierno que ya no existía.
Stolas, de pie con su porte elegante y altivo, observaba las ruinas con melancolía mientras un cigarro de humo denso colgaba de su mano. Sus ojos brillaban, no de poder, sino de cansancio y recuerdos de una gloria perdida. A sus pies, Blitz, con su chaqueta desgastada y un vendaje improvisado en su brazo, le lanzaba una mirada desafiante, como si la ruina a su alrededor no le intimidara.
"¿Qué haces aquí, Blitz?" preguntó Stolas con voz suave pero cansada. Su tono contrastaba con la mordacidad habitual de los nobles.
Blitz se cruzó de brazos, con una sonrisa sardónica. "Sobreviviendo. Lo mismo que tú, 'alteza'."
Las ruinas no solo eran testigos de su encuentro; también serían el escenario de un vínculo que nacería entre el fuego de lo imposible y las cenizas de un mundo destruido. En medio de este caos, la arrogancia del príncipe y la irreverencia del IMP se enfrentarían, chocando como las últimas brasas en un Infierno apagado.
Pero el Apocalipsis tenía sus propios planes. ¿Podría el amor florecer entre los escombros cuando todo parecía destinado a desmoronarse?