Detrás de aquellas viejas puertas, donde los susurros no perturbaran la paciencia de los ancianos, se contaba una leyenda acerca de un lago cuya entrada o paradero era desconocido, los niños en un hilo de voz contaban a cerca de un lugar de mística belleza. Un lugar de descanso para las estrellas que morían, un sitio de conexión entre el cuerpo y el alma, entre lo tangible y lo abstracto, entre la materia y el espíritu. La leyenda cuenta sobre un lago que concedía un deseo a cambio de un costoso precio, precio que pagó un rey por su corona, una madre por su hijo, un ojo por un ojo, un diente por un diente, un alma por otra. En el valle de los susurros, lugar donde está construido el orfanato donde nació dicha leyenda, alberga una hermosa historia de amor que aún, hoy en día, es la musa de bardos y poetas.
Mi nombre es Evelyn y esta, querido lector, es mi historia de amor.
"Para aquellos que suelen sentir que el mundo real es demasiado aburrido e insuficiente"
Desde pequeña, Madison Smitt siempre había sido una niña llena de curiosidad, un rasgo que floreció en el entorno austero de un orfanato. Su refugio secreto era un majestuoso roble, un árbol que parecía haber surgido de las páginas de un cuento de hadas, donde su imaginación podía volar libremente. Al cumplir dieciocho años, Madison dejó atrás el orfanato y el pueblo de Santa Marta para embarcarse en su sueño de estudiar literatura en la universidad.
Sin embargo, a los veintidós años, al regresar a su hogar, se enfrenta a una dura realidad: el orfanato ha desaparecido, reemplazado por un moderno edificio de apartamentos. Pero el roble, su querido compañero de sueños, permanece erguido y desafiante, como un guardián del pasado. Lo que Madison nunca podría haber imaginado es que ese árbol ancestral es mucho más que un simple refugio; es la puerta a un mundo oculto, un lugar que la vio nacer y donde criaturas misteriosas la buscan con intenciones mortales.