Detrás de aquellas viejas puertas, donde los susurros no perturbaran la paciencia de los ancianos, se contaba una leyenda acerca de un lago cuya entrada o paradero era desconocido, los niños en un hilo de voz contaban a cerca de un lugar de mística belleza. Un lugar de descanso para las estrellas que morían, un sitio de conexión entre el cuerpo y el alma, entre lo tangible y lo abstracto, entre la materia y el espíritu. La leyenda cuenta sobre un lago que concedía un deseo a cambio de un costoso precio, precio que pagó un rey por su corona, una madre por su hijo, un ojo por un ojo, un diente por un diente, un alma por otra. En el valle de los susurros, lugar donde está construido el orfanato donde nació dicha leyenda, alberga una hermosa historia de amor que aún, hoy en día, es la musa de bardos y poetas.
Mi nombre es Evelyn y esta, querido lector, es mi historia de amor.
Sin recuerdos de quién es ni de su verdadero origen, ha vagado por los años sabiendo que no pertenece a este mundo. Atrapada entre su naturaleza sobrenatural y el vacío de su memoria, solo una imagen la persigue: unos ojos dorados que la observan desde sus sueños, intensos, llenos de un deseo y un dolor que no comprende. En su búsqueda por desvelar el misterio de esos ojos, encuentra un antiguo diario lleno de acertijos, cada página acercándola más a una verdad que podría destruirla. Pero tras cada enigma, el eco de un amor prohibido resuena, un romance que ha perdurado más allá del tiempo y la tragedia. ¿Podrá desenterrar el pasado sin perderse en la sombra de un destino sellado por el dolor y la pasión?
La imagen de la portada no es mía